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Ksar El Khorbat , 52002 Ferkla el
Alia, Marruecos
Tel. 00-212-535880355
Fax 00-212-535880357
Móvil 00-212-676527392
E-mail:
elkhorbat@eljorbat.com |
El Museo de los Oasis

Abierto en noviembre de 2002, el Museo de los Oasis ocupa un conjunto de tres casas restauradas en el
interior del ksar El Khorbat Oujdid, con una superficie
cubierta total de 600 m2 repartidos en 3 niveles.
Ver el plano
del Museo de los Oasis
Su planteamiento es
absolutamente didáctico, pensado para aclarar al viajero todas las pequeñas
dudas que se plantea sobre la cultura del sur de Marruecos.
El Museo de los Oasis expone:
- 711 antigüedades y objetos de uso tradicional.
- 49 fotografías explicativas.
- 33 fotografías históricas.
- 17 planos y croquis.
- 14 maquetas y reproducciones.
- 6 mapas temáticos.
- 4 cuadros explicativos pintados por el artista
local Rachid Bouskri.
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¡ATENCION!

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El Museo de los Oasis incluye 22 salas, cada
una de ellas dedicada a un aspecto concreto de la vida tradicional en los
oasis del sur del Gran Atlas.
Sala 1:
Los oasis: agricultura y vida sedentaria
En la región presahárica del sur de Marruecos, la agricultura y la vida
sedentaria quedan restringidas al fondo de los valles, donde el agua
procedente del Gran Atlas o del Jebel Saghro hace posible la irrigación.
Estas vegas cultivables constituyen verdaderos oasis rodeados de
terreno árido. El agua llega hasta ellos bien por un río de superficie, bien
por un curso subterráneo captado mediante pozos, bien por una jatara. |
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Sala 2:
El comercio
Además de zonas agrícolas en pleno desierto, los oasis constituyen también
unos centros comerciales para el abastecimiento de toda la región a través
de sus zocos permanentes o semanales.
Antiguamente eran, asimismo, etapas en las rutas de las caravanas que
comunicaban las ciudades del norte de Marruecos con el África subsahariana.
Este último papel les proporcionó, a lo largo de la historia, una gran
prosperidad económica.
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Sala 3:
La artesanía
En los oasis, la producción artesanal
trata de cubrir las necesidades locales y también la demanda de la población
nómada de la región. La
forja de hierro es una labor específica de los negros. La orfebrería
de plata era en otra época una especialidad de los hebreos. La
carpintería y la albardería son asimismo oficios de los hombres.
Las mujeres, por su parte, practican el tejido de alfombras o de
mantas y el bordado de jaiques, no de un modo profesional sino como
actividades complementarias a su trabajo doméstico.
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Salas 4, 5, 6:
La alfarería
En los valles presaháricos, la alfarería es una actividad profesional
masculina, en la que se han especializado un cierto número de pueblos.
Se trata de una cerámica simple y utilitaria, sin pinturas
ornamentales pero vidriada algunas veces con un esmalte natural.
Este esmalte se compone de tres minerales: cuarzo, una arenisca arcillosa y
finalmente sulfuro de plomo si se le quiere dar una tonalidad ocre o bien
óxido de cobre para obtener un color verde.
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Sala 7:
El sistema tribal
El vínculo entre los miembros de una tribu
es un antepasado en común, ya sea real o legendario. Por el contrario, no
precisan un territorio específico para ellos, pudiendo vivir dispersos por
los cuatro extremos del país y pudiendo compartir sus poblados con vecinos
pertenecientes a otras tribus.
Cada tribu se subdivide en fracciones, clanes y familias, basándose siempre
en vínculos de sangre. Asimismo, diferentes tribus pueden unirse para formar
una confederación.
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Sala 8:
El atavío
Cada tribu posee su particular
manera de vestirse y de embellecerse. Por lo general, el traje de los
hombres es el albornoz de lana o de algodón, la chilaba, o
bien una capa llamada selham o abizar, complementados con un
zurrón de cuero y una daga. Su cabeza no va cubierta, sino únicamente ceñida
mediante un pequeño turbante blanco o negro.
Las mujeres se envuelven con un jaique bordado según los dibujos de
su tribu y que puede recibir diferentes nombres. Dicho jaique les
cubre el cuerpo y a menudo la cabeza, en ocasiones incluso la cara. Si no es
así, utilizan además un pañuelo. Diferentes tatuajes del rostro
permiten identificar asimismo su filiación tribal. Numerosas joyas de
plata completan su atavío tradicional: brazaletes, collares, fíbulas,
etc.
Actualmente una parte de la población ha adoptado la vestimenta occidental o
bien la que impera en las grandes ciudades marroquíes. Los tatuajes van
desapareciendo y las nuevas joyas están hechas de oro.
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Sala 9:
La fiesta
Las fiestas más importantes son las bodas. Pueden durar una semana
entera y en ellas participa un elevado número de personas. Hay también otras
celebraciones familiares menores, como los nacimientos y las
circuncisiones.
Cada tribu tiene su propio folklore, su música y sus trajes de gala, en
especial los trajes de las mujeres, que además se maquillan el rostro y se
ponen alheña en las manos y en los pies.
Otro tipo de fiesta son los musems, que se celebran en torno a un
morabito. Tienen lugar una vez al año, con ocasión del Milud (aniversario
del nacimiento de Mahoma), del Aid El Kebir (conmemoración del sacrificio de
Abraham) o bien al final de las cosechas.
En los musems cantan y bailan los miembros de una cofradía religiosa
determinada y suelen acompañarse de un gran mercado.
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Sala 10:
La guerra
A lo largo de los siglos, la guerra era una actividad habitual entre las
tribus, entre las fracciones de una misma tribu y entre los alcázares
vecinos. Se hacía por diferentes motivos:
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Por la distribución del agua de riego.
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Por la ocupación e las tierras cultivables.
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Por el reparto de las zonas de pastoreo.
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Para obtener granos en épocas de mala
cosecha.
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Para vengar ofensas personales.
La última gran guerra tuvo lugar en los valles
presaháricos entre 1917 y 1933, con la campaña del ejército francés para la
sumisión del territorio frente a la resistencia de las tribus nómadas.
Desde entonces, la intervención del Estado central permite dirimir las
desavenencias sin necesidad de recurrir a las armas.
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Sala 11:
El culto judaico
Cierta población de origen israelita se halla presente en los valles
presaháricos desde hace más de veinte siglos. Una parte de esta población ha
mantenido su religión a través de la historia, a pesar de la islamización de
los demás habitantes.
Para el culto judaico, una sinagoga y un cementerio hebreo
existían antiguamente en cada pueblo donde los israelitas poseían un barrio
propio. En él desarrollaban unas actividades específicas: comercio,
préstamo de dinero, orfebrería y otros tipos de artesanía.
Prácticamente toda la población judía emigró a Israel en 1967 como
consecuencia de la guerra de los Seis Días.
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Sala 12:
El culto islámico
La práctica del culto islámico implica la existencia de una mezquita
en cada pueblo, destinada a la oración del viernes al mediodía –pudiendo
rezarse las demás oraciones en la mezquita o en cualquier otro lugar-.
Implica también la presencia de un cementerio en las cercanías del
pueblo, donde los muertos son enterrados envueltos en un sudario blanco, sin
ataúd, echados sobre su costado derecho y mirando hacia La Meca. Dos piedras
clavadas en el suelo indican la posición de cada tumba.
La mayor parte de los cementerios se sitúan bajo la protección espiritual de
un morabito, que constituye al mismo tiempo un lugar de visita y de
oración. Si la mezquita está reservada en muchos casos a los hombres, el
morabito se ve concurrido sobre todo por las mujeres.
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Salas 13, 14:
El granero
Las cosechas de gramíneas son almacenadas en graneros para distribuirlas a
lo largo del año y para evitar su robo.
Dentro de los alcázares, unos pequeños graneros individuales forman
parte de cada vivienda.
En algunos pueblos que no están amurallados, un granero fortificado
comunitario ofrece la seguridad a las diferentes familias. En algunas
ocasiones el edificio se sitúa bajo la protección simbólica de un morabito.
Por su parte, las tribus nómadas poseían antiguamente unos graneros
camuflados en lo alto de algunos barrancos del Gran Atlas.
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Sala 15:
La nutrición
La base de la nutrición es la harina de trigo, de maíz o de cebada. Con ella
se hacen el pan y el cuscús. Este último constituye la cena
habitual en la región.
Al mediodía, el pan acompaña verduras y pedazos de carne cocidos en una
salsa de aceite y agua con muchas especias. Al norte del Atlas, esta mezcla
se prepara en el tayín, una cazuela de cerámica con tapadera cónica.
Por el contrario, en los valles presaháricos se guisaba antiguamente en una
vasija de barro, substituida hoy por la olla exprés de aluminio.
En el desayuno, el pan se moja en aceite de oliva y se acompaña con té.
Otros tipos de desayuno son la sopa de cebada y el pan relleno de
grasa.
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Sala 16:
La farmacia tradicional
Numerosos productos naturales se destinan a curar las diferentes
enfermedades y también a obtener resultados propicios en los negocios o en
el terreno del amor por vía de la hechicería.
Una mención aparte merece la alheña (henna), hierba que se
cultiva en los valles presaháricos y se exporta a todo Marruecos. Se aplica
a las heridas y a las enfermedades cutáneas –con resultados no siempre
favorables-, pero también es utilizada por las mujeres para teñirse de rojo
las palmas de las manos, las plantas de los pies o el cabello, con un
objetivo estético y para dar buena suerte.
Los dibujos de alheña con motivos geométricos son muy populares en las
ciudades marroquíes, pero no en esta región.
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Salas 17, 18, 19:
La arquitectura de tierra
Toda la vivienda tradicional de los valles presaháricos está
hecha de tierra cruda mediante dos sistemas bien diferenciados:
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El tapial de tierra prensada para los
muros principales.
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Los adobes de barro y paja destinados
a las paredes ligeras, a los arcos, a las columnas o a la decoración.
El revestimiento se lleva a cabo asimismo con
una mezcla de barro y paja. Los techos pueden construirse con troncos
de palmera, con cañas, con ramas de tuya o con tallos de adelfa, dispuestos
algunas veces de modo que formen un dibujo ornamental. Estos techos se
sostienen sobre vigas de palmera, de chopo o de tamarindo y se cubren con
una capa de tierra cruda.
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Sala 20:
Casbas y alcázares
Toda la arquitectura tradicional de los valles presaháricos se basa en el
principio de la fortificación.
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La casba o tighremt es un
edificio de varios pisos con torres de vigilancia en las cuatro esquinas y
a veces –no siempre- un patio central. La casba se encuentra por lo
general aislada, pero también puede situarse dentro de un alcázar.
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El alcázar (ksar o ighrem)
es un pueblo rodeado de murallas con torres de vigilancia en diferentes
puntos y una o varias entradas monumentales. En su interior, además de las
casas, hay siempre una mezquita, un espacio para las fiestas y en
ocasiones una hospedería (fonduk).
Hoy en día la casba y el alcázar se ven
substituidos paulatinamente por nuevas viviendas de hormigón armado.
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Sala 21:
La torre de vigilancia
Dentro de un alcázar, cada torre de vigilancia –excepto las dos de la
entrada- pertenece a un vecino, quien antiguamente era responsable de
controlar los alrededores y, en caso de conflicto armado, de defender su
parte de la muralla.
Tras la pacificación de los valles presaháricos, esta torre se ha convertido
en un pequeño salón donde recibir a las visitas.
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Sala 22:
La vida nómada
Si la crianza de ganado vacuno tiene lugar en el interior de los alcázares,
la de ovejas, dromedarios y cabras exige un desplazamiento constante
a la búsqueda de pastos.
Para acompañar a los rebaños en este desplazamiento, una parte de la
población se ha adaptado a la vida nómada; habitan en jaimas y llevan
a cuestas todas sus pertenencias.
Tratándose de una existencia particularmente dura, estos pastores son mucho
más fuertes, resistentes y valerosos que los agricultores sedentarios. Por
este motivo, antiguamente había una relación de vasallaje entre los
protectores nómadas y sus siervos que trabajaban la tierra en los oasis.
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El Museo de los Oasis es el primer y único
establecimiento de estas características abierto en el sur de Marruecos.
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Horario: de 9 h. a 21
h.
(Pedir la llave en el restaurante).
- Entrada: 20 DH
por persona. Gratuidad niños hasta 12 años.
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